miércoles, 1 de octubre de 2014

THE PATH OF THE HILLS

                                               CHILD OF GOD   

                   

No conforme con pintar, recitar, escribir, producir y actuar, James Franco sabe lo que hacer cuando es necesario tras las cámaras. El niño prodigio lleva un par de intentos sin cuajar en la dirección, ni el más (in)decente de los internautas sería capaz de encontrar un enlace digno de dichos títulos con traducción en el lote (si me conseguís Simiosis os ganáis un fiel seguidor). Pero sea como sea 2013 fue SU año: si en 2012 llegó a plantarse con 8 trabajos, el total del año pasado llega a los 9 tanto en cartel como en el anonimato, lo que se dice un currante. También saca tiempo para reirse de su figura, incluso he creído escuchar que preparaba algún tipo de sorpresa "musical". ¿Qué es James Franco a fin de cuentas?... una jodida bestia ¿no?.

                  

Asiduo a la brutalidad y a los terrenos polvorientos, McCarthy es un referente en lo relacionado con la sangre, los lunáticos, los sheriffs agotados y los susurros de testigos sin rostro. James arriesga y apuesta fuerte por los sureños, lo hace aquí y lo hace en As I Lay Dying también. Hermana ambigüa en la dupla, Child of God no se limita a ser un ejemplo de introspección en la mente de un enfermo, la reconocida ambición de su inexperto director no debía permitirlo, así como McCarthy no se propuso narrar un desvarío. El puñetero y terrible viaje de Lester Ballard a las entrañas de la supervivencia, bajo la firme mirada de James enseña un enfoque enamorado de la psique de este hombre, lo antepone a la investigación criminal, lo observa con tal sentido de la paciencia que a pesar de algún trompicón casual, termina desprendiendo un aroma podrido de clásico prematuro que crecerá con los años (y no necesariamente en boca de tantos) por su tendencia a no tirar de la raíz.

                  

Refuerza con severidad sus más provocativas galas sosteniendo los minutos en la tensa y muy respetable mandíbula de Scott Haze, sus maneras desencajan las nuestras por puro asombro. James Franco asigna parte de su desafío al sabor de cada acontecimiento con prudencia y a buen paso, ligando la amplitud del debate al tamaño de cada atrocidad cometida, casi como el discípulo en desventaja que nunca fue, valga la “coincidencia” (en 2015 estrenan película juntos), de un Werner Herzog prematuro arremetiendo contra todo a lomos de su propio pelotón de enanos descontrolados. El patrón de Lester es el mismo que el de un animal y esto queda expuesto a las mil maravillas, aplica el valor de lo que quiere del modo en que lo haría un perfecto perturbado con las facultades primarias de un ser vivo como único estandarte, sea un pedazo de carne muerta o un par de peluches. Si bien su final puede ser confundido con una oda al salvajismo, es un final portentoso y emocionante. Como paridos por las colinas entre gritos y sufrimiento, casi un documental involuntario, un homenaje a la brutalidad original y a su perseverancia... porque las cosas como son, hay que ser la ostia de cabezón para abarcar tanto en 365 días. Y que encima salga bien.

                    

NOTA: 7/10