martes, 15 de septiembre de 2015

DE PATRONES Y GALLETAS (Fantástica)

                                    CUATRO FANTÁSTICOS
                                                        
 
Cuando una pedrada sucede a otra lo más normal es que otras tantas respalden las dos primeras tiradas, el criterio popular tiende puentes en la misma dirección. Pero no todos tienen que apuntar tan bajo, no obligatoriamente al menos, ventajas en aras de la democracia, lo que no supone que no te guarden una por mano en caso de abstinencia. Porque puestos a defender lo indefendible el límite está establecido, no queda alternativa que corra la suerte de resultar creíble, terca invención por parte minoritaria. Se habla mucho de Cuatro Fantásticos, mucho y mal, y para no quedar consuelo pasará a la historia como una película muy mala, fin. Luego las minorías tienen claro una cosa (y la cosa va así): poco importa que tengan en cuenta tu percepción sobre el cine, se trate de Tarr, se trate de Tarantino, se trate de tu madre o el vecino, los que marcan la diferencia entre lo que trasciende o no conforman la suma máxima del colectivo, se trate de quienes se traten. Entendiendo esto el disfrute está asegurado, eso ya no atiende a razonamientos comunes, ventajas en aras de la democracia, nuevamente.

   

Y aquí ciertamente huele a nuevo, debido un espíritu renovador que se desliga de sus deberes como película de superhéroes. Los hay que ven un calco por Nolan, pero aquí si hay sentido del humor. Los hay que no se han reído en absoluto, pero esto no lo produce Marvel... y si ellos se hicieran cargo lo harían mejor ¿no?. Que va, harían lo suyo, chascarrillo, dinamita y post-créditos, se acabó. Y está bien, que narices, es lo suyo. Claro que llega un momento en que cada historia obedece un patrón, la gente asimila el patrón, y cualquier anomalía que no obedezca a la misma fórmula está irremediablemente condenada al fracaso. Eso ya no es tan bueno, al menos en lo que al arte se refiere, sin transgredir los parámetros estamos perdidos. Podría decirse que Josh Trank sabía en que consistía formar parte de una minoría, pero como en toda revolución siempre surgen malos hábitos entre reyerta y reyerta, y si se incluye a FOX y su desacuerdo el jaleo queda asegurado. Y si, exactamente en su centro urge una necesidad de acelerar los acontecimientos para tratar de conferir al "bicho" la personalidad que suelen adoptar los bichos de su misma clase. Apenas unos minutos, los humanos es que le hacemos ascos a cualquier tontería.

  

Cuatro Fantásticos puede permitirse el lujo de sobrevivir a ese traspié, al menos desde dentro, fuera son cuatro los que lo vemos con claridad. Pensada como una epopeya (la epopeya de Trank) va construyendo sus cimientos sobre personajes que, sorpresa, son algo más que un pretexto de piruetas y demoliciones, la promesa viva de que "otro enfoque" es posible, de que la esperanza sigue latente para todos aquellos que esperábamos algo distinto desde Iron Man 2. Un lavado de cara juvenil, inquieto, intelectual, dispuesto a escuchar las maneras de encarar una situación tan extraordinaria sin crear el más mínimo atisbo de discordancia en su conflicto central, ni como familia, ni como fenómenos. En un género reducido a la referencia, en contraste por burla o comparaciones, en los Cuatro (...) evidencia una rebeldía innata que trata su contexto científico con todo el rigor que podía permitirse (limitado) y su posterior escala a la hora de arrejuntarse con el necesitado cliché de su testosterónico universo (MÁS que suficiente). 
Eso al principio, como en toda epopeya que se precie la cosa va a más (y la cosa de nuevo va a así): tras un tramo (algo) confuso que reconcilia el núcleo con su origen, somos testigos de un clímax que bien puede dejar en evidencia las peripecias de cualquier vengador en sendas segundas partes de sus respectivas franquicias.

 

10 minutos de gloria pura, y los que buscasen algo más a 5 euros (siendo miércoles) pueden clamar al cielo, en la resistencia no lo vemos igual. Son colosales en su carácter resolutorio, no obedecen a la demanda de algo que se nos vendía (aunque así fuera) si no de su orgullo general como algo que se ha ido forjando a medida que descubríamos los puntos de vista de cada uno de los implicados, dando más sentido a su filosofía como grupo. La unión, su fuerza. Sin descuidar, aunque así pudiera parecerlo, a su principal villano, cuyo diseño y propósitos (de un nihilismo básico y reducido que no hace si no maximizar el horror de su soterrado narcisismo) son tan escolafriantes como cabría esperar llegados al 2015, lo de antes solamente era cosplay. Y se reivindica, ahí es cuando la resistencia se rinde porque la gente ya no sabe lo que quiere, si hablamos de fidelidad comiquera hablamos de Schumacher, Burton, Catwoman... eso si que molaba ¿verdad?.

 

Pero en el fondo seguimos aquí, en pie y con ganas, exhaustos de defender lo indefendible. Primero porque lo sentimos, segundo porque merece la pena y tercero porque, si no está dicho ya, es una película fabulosa. No te rindas FOX, podéis ganar esta batalla.


                       

NOTA: 7/10

miércoles, 22 de julio de 2015

CALIFORNIA

                                                      PURO VICIO 

                  

Adentrarse en el cine de Paul Thomas Anderson siempre ha requerido un riesgo intelectual, como todo autor que se precie su universo no va regido en torno a la lógica de lo que representa. No juzga como juzguéis, no veáis tal cual lo miréis. Sus películas han aunado el trauma estadounidense desde diversos espejos, han desvirtuado los conceptos de fraternidad y progreso en favor de un pasado que siempre arrastraba el mal o el perdón consigo. Variaban las décadas, la intersección que procuraba un análisis claro y conciso se hacía cada vez más densa y rebuscada, realmente llegabas a poner en duda tu estado mental, menos los escépticos, ellos siempre lo han tenido fácil para sentirse ofendidos. La confrontación como punto de partida genera debate, pero Paul realmente nunca ha sido un tipo conflictivo, es más, podría decirse que siente un sano desprecio por el orden. Dos años después de lanzar al mundo la que es su obra maestra regresa a la senda cómica de su primer ciclo bajo el aspecto adquirido por su segundo, lo que da lugar al desconcierto total, nunca es tarde para romper las normas.

                        

Puro vicio se siente en todo momento como aquellas míticas tardes de verano que ponen fin a la estación tras un largo tránsito en la desidia más absoluta, esos últimos coletazos al aire libre que presagian las desilusiones más significativas del año. Doc Sportello lo está viendo venir, pero piensa "¿qué demonios? ¿acaso no me pagan por esto?". 1970 o el fin de lo que fuera, que fue un caos absoluto. Y a Paul no le pesa haber estado antes por aquí, la constitución que vertebra el relato es tan disoluta como le conviene, siente cada encuentro como una punzada en la piel ya que cada uno resuelve una incógnita, lo que supone un paso del final por cada respuesta. Para alguien que realmente no es conflictivo, para alguien que realmente AMA una época, el final no es más que la muerte y entristece. Va a fuego lento desde luego... ¿se asemeja a los 40? ¡vaya que si! el mismo número de veces que han sacado la equivalencia con Hawks, no es lo que importa. Lo que importa es que renuncia al parentesco, no al del noir si no al de cualquiera, impera sobre la práctica y la subversión un claro cese de impulso que invita a compartir su permanente estado de fascinación y perplejidad. Vive de la textura conferida por un maestro que a fuerza de aprender ya no puede aspirar a más, dicho de otra forma, acentuando un vicio que atesora lo más divino, la vida misma en movimiento.


                       


Un ocaso impreso en la regla del juego, otro más. Desde los ojos de la narradora una nación encriptada, una multitud de posibilidades guiando la investigación de un suculento detective que embrutecería al mismísimo Hunter S. Thompson de la sola euforia de verlo desenvolverse con tanto estilo. Y lo abarca por tamaño y dimensiones, con Vietnam allá, con la droga aquí y la ilusión de imaginar que queda misterio en este cochino sistema. Con el recuerdo a cuestas al término de hace cuatro soles, desesperando bajo la lluvia sin tomar nota del tiempo y todo lo que se perdía entre tanto cariño. Y si, la invade la nostalgia pero no la acostrumbrada, aquí no garantizan que vayan a volver... ¿acaso es una opción?. Y con el lio el odio al comunismo, el rencor racial, el fanatismo, la cólera, las malditas y puñeteras utopías Doc va perdiendo el norte, piensa que no hay sueldo que pague tanta sórdida y desconsiderada estupidez humana, ni mucho menos cuando a la contra se acaba por considerar una enfermedad. Esclareciendo la línea del rango a la persona sin excepciones, en lo que nos ocupa atendería a cuestiones más sencillas como el ansia y por supuesto, una consentida y privilegiada curiosidad por todo lo que subyace dentro y fuera de lo relatado. La magia de la creación, la intriga de la palabra... ¿o era al revés?.

                      


Pero Paul, que además de no ser conflictivo tampoco es pesimista se las apaña para rescatarse de la locura, que según el grado de humor igualmente está en la obligación de pisar el freno. Porque Doc ha visto cosas que nosotros no hemos visto nunca, lo que traducido en meses da para toneladas de risas. Incluso tras un desplome cultural poco vigente en la historia, la de unos ángeles que retumbaban al ritmo de la fiebre inmobiliaria, arrastrando con ella lo resultante de otros días que sacaron el máximo partido sin dar mucha cuenta del terreno. Escondiéndose del salario consecuente a las rutinas ajenas, descalzos a orillas del mar.

                          


NOTA: 9/10 

viernes, 3 de julio de 2015

LA JAULA DE ORO.

                                                              VIS A VIS

                                                


Cruz del Sur ha abierto sus puertas y lo hace en la tradición de las mejores, ahorrando el peso de la ficción a favor de algo que muchos parecen haber olvidado a la hora de reconstruir un culebrón, esto es, la sintonía con el público. No pasó un lunes ni un jueves sin llegar a la cima en Twitter, ciertamente en Twitter se habla de todo... a las claras, está repleto de cotorras. Pero ya es patrimonio nacional, apenas cambia el medio, las maneras y en base a eso ¿qué podría resultar más apropiado que un thriller carcelario?. Uno de calidad, puestos a pedir. Y no es menos lo que Vis a vis nos ha ofrecido en su primera tanda semanal, ya que lo cabría percibirse como otra excusa por la que dar coba a nuestras ganas de enorgullecernos (o despellejar en el peor de los casos) de nuestra televisión, resurge como la rara especie que confirma el fin de una larga espera, a pasos de gigante y sin contemplaciones.


Redundar sería algo así como tratar de localizar las fuentes principales de sus aciertos, en un país de historial corto dentro de su género y a fuerza de querer demostrar lo contrario por parte de muchos. Vis a vis se perfila más exactamente en competencia directa con el lujo administrado por el amigo americano y suena tal como estaba destinada a ser desde el inicio de su gestación. Nos hace cómplices y nos acerca a estos personajes con una actitud empática fuera de toda duda, prescindiendo de cualquier tópico conceptual que pudiese entorpecer la relación entre ellos mismos y la establecida con el espectador, esa masa insaciable ávida de emociones fuertes. Cada capítulo ha supuesto una promesa concreta en las cuales la confianza era plena desde la excelente secuencia de apertura a los créditos de cierre, y siempre la hemos visto cumplida. Una serie en rendimiento constante que conjuga la expectación y el suspense como compañeros predilectos, ligados a un sentido del humor que nos encierra gradualmente, valga la ironía, en esa amplia variedad de reclusas y funcionarios que no se privan de su propia naturalidad. Tal cual dicta su guión, conformando un catálogo impensable e irremplazable de personas de las que necesitas volver a saber con urgencia.


Y si de algo puede sentirse orgullosa es su casting, retando al escéptico, congratulándose constantemente de una plantilla que ha echado el resto, con resultados visibles y generalmente reverenciados. En tanto que cada uno cumple su función con sobrado talento, y en consonancia con lo asignado al pie de la letra, resulta complicado (por no decir delictivo) resaltar a ninguno por encima de los demás. Y al margen de una Maggie Civantos que aplica en su primer protagónico una vulnerabilidad encomiable, se deben destacar a dos sujetos en la cúspide de sus respectivos rasgos definitorios. Son Ramiro Blas, mayormente beneficiado por el carácter vejatorio de sus intervenciones, y Najwa Nimri, en lo que en una milagrosa resolución de las circunstancias ha dado como resultado una de las femme fatales más memorables en la historia de la ficción española. Acepta a Zulema como una extensión de aquello que siempre se le ha visto negado en su carrera, un espacio en el que desarrolla un determinado cúmulo de malas intenciones, adueñándose del favoritismo popular de forma irremediable, trazando un recuerdo auténtico e inamovible sobre su texto y perpetrando a golpe de fusta un sitio cómodo en la memoria colectiva. En pocas palabras, un regalazo.


A pesar de puntuales arbitrariedades que no degenera en la intensidad de lo que cuenta, habitualmente centradas en la trama de Leopoldo y compañía, estamos ante un acontecimiento cuya contradictoria propensión al escándalo terminan de redondear una de las experiencias más sensatas y satisfactorias en lo que va de año. Cuando la ansiedad de uno la genera ella y no la quinta temporada de Juego de tronos, es que hay algo que funciona. Cruz del Sur ha habierto sus puertas, mientras no encuentren las llaves todo irá bien.

miércoles, 13 de mayo de 2015

EL ESTADO DE LAS COSAS.

                      HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS



Ves un satélite y no es Nolan, es Jason Reitman, si el chiste es malo imagínate el resto. En realidad lo malo es que se trata del Voyager y te lo describen punto por punto, por eso es Reitman. Es evidente que sigue sin captar que la reiteración no es la mejor manera de contar una historia, también cabe esperar que vamos a enfrentarnos a más de hora y media de un proyecto con ínfulas de falso indie y cantidades insanas de moralina. En ese caso estaría hablando por vosotros... ¿podéis creerlo? soy el primer sorprendido. Y es que en Hombres, mujeres y niños (si preguntan el patriarcado tampoco está por aquí) nos encontramos con que Reitman acaba de abordar un asunto tan espinoso como oportunista y que seguramente no volvamos a ver semejante versión en un futuro próximo, los fracasos críticos, comerciales y populares son un fenómeno que siempre garantizan arrepentimiento por parte de cualquiera, si eres Jason Reitman y te quieren muerto desde Juno significa tener cuidado al salir de casa. Y es una lástima, especialmente cuando caes en la cuenta de que no solamente no es tan mala como la pintan, si no que resulta ser, con todo, la cosa más digna que se le haya podido pasar por la cabeza.

                      



El mismo año que Bajo la misma estrella y dos después de Desconexión, el truco aguarda en los intertítulos, ya dije que esto va por épocas. Será la risa cuando no podamos tenernos ni en pie pero si miramos con más atención el motivo principal se diluye tras la primera media hora, para muchos el declive, para otros (pocos) la verdadera naturaleza del film, el espíritu ingobernable del que emana la fuerza de los hombres, las mujeres y los niños que participan en este sólido retrato intergeneracional sobre las consecuencias de las nuevas tecnologías en nuestras vidas. Y decir nuestro no es por azar, lo que queda impreso es su virtud de extrapolar el más incómodo de sus pasajes a la percepción de cualquier ser humano (si acaso del primer mundo). Y lo más importante, sin pelos en la lengua. Desde la infidelidad de toda la vida a la inseguridad de la fidelidad por obtener, en un planeta reducido y contemplado como exponente del caos y la falta de proporción, así como de objetivos, en un vídeo de youtube, la religión de los iniciados tras el 11-S y viceversa. La pérdida de identidad sexual por dependencia de un hábito (porno) adquirido con el paso de una juventud exenta de un reglamento, o quizás por sobreexposición de un único reglamento que descarta una vía alterna a la numeración exigida por el mismo, parecido al fútbol y a cosas que no tienen demasiado sentido.



                     

Si parecía poco, lo éramos hasta que llegó la bulimia, y los consejos para morirte mejor del asco por un amor que no es que no te corresponda, te detesta. La fascinación por ese tipo de persona que a edad temprana es lo más parecido a un Dios, que se te antoja indiferente el daño cuando necesitas su aprobación te arruine o no la existencia. Casos como este y más, seguir con ello sería caer en contemplaciones, algunos no son nuevos (la mayor parte no lo son) pero encajan a la perfección en un guión cuyo espacio no relega a ninguno a un rincón menor que el vecino, se asfixian y se derrumban por igual. No ofrece salida fácil, dicho de otra forma, no hay salida que valga, lejos de faltar a una conclusión el término es similar al perdón (y a cosas que no tienen demasiado sentido). Como el fútbol, pero diferente. Reitman vuelve a la conversación y se adueña de lo que quiere dar a entender, no lo juzga como hacía antes, no hay sentencias a la vista, no hay redención, hay discurso pero apenas contiene un razonamiento básico que no determina ni precede lo que pueda llegar a suceder con los protagonistas, cerrando sin embargo su círculo acerca de lo que en teoría iba a hablarse después del Voyager: la tecnología, de como nos revienta los planes sin querer darnos cuenta.

                    



La ironía es que sirve a un motivo mayor, no se sabe (o tal vez si) si por casualidad o premeditación. Su director ha radiografiado un tiempo y los que lo habitan de costa a costa, se ha empapado de sus dudas y obsesiones y lo ha hecho sin necesidad de explicarse durante la empresa, esto es nuevo si no eres Kubrick o Fincher, si eres Jason Reitman y te quieren muerto desde Juno al menos lo habrás intentado, algunos igual empiezan a cogerte cariño. Se respira el intercambio entre el Robert Altman más lúcido y la ansiada esencia de un Raymond Carver oculto en la rutina (nada rutinaria) de su puesta en escena, solapando la intimidad de un momento de decepción a otro de puro morbo a las páginas de Google (y varias de Pornhub) como haciendo cómplice a las retinas de aquellos que no son ajenos a esto, insistiendo en que a pesar de que ya lo saben por descontado no van a quedar tan impasivos como con el doble check del WhatsApp (¿o eran tres?). A lo sumo un par de coñas por Twitter, es tanto culpa suya como del público, aceptémoslo, nos falta un trecho de generosidad para que dejen de sacar este tipo de películas.

                   

NOTA: 8/10

martes, 20 de enero de 2015

LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA.

BIRDMAN


Alcanza Birdman un momento en el que Michael Keaton decide enfrentarse a su mayor detractora en la barra de un bar, una potencial detractora, peligrosa, crítica de teatro. Podría serlo de cine, podría decirse que sabe como valorar una obra cinematográfica, se siente (se deduce) como un requisito, porque según se aprecia está gritando algo "usted no es actor, es una celebridad". Marca una diferencia con la que asentar su propio odio (esa desconocida variable oculta bajo formas insospechadas) por aquello que representa el hombre que tiene delante, le había dedicado unas cuantas palabras antes de llegar a este punto. Se la reprocha su vocación, se menosprecia la motivación original por la cual esta persona ha escogido la redacción como alternativa profesional: la vagancia. Oraciones bailando al mismo compás que las comparaciones establecidas por dentro, por fuera y por alrededor, con etiquetas y más etiquetas, un duelo pugilístico en el que lo único que queda claro es quien va a pagar la cuenta y quien lo va a pagar caro. Y poco importa quien de los dos se ha degradado más durante esos infinitos cinco minutos, van a acabar en el mismo lugar.

                  

La raza humana y su ombliguismo... ¿a qué os suena?. No es nada nuevo, tampoco lo son los falsos planos secuencia que emplea Alejandro como transporte principal, ni como eje de una evidencia tramposa que no conociese tiempos en los que Hitchcock jugaba a algo parecido con "La Soga". No hay nada realmente histórico en Birdman, conocemos la forma, conocemos la temática, conocemos hasta el tratamiento de lo que plantea, ya estamos alto como para soprendernos por las buenas. Luego está el género masculino, el femenino y los artistas. Puestos a comparar (puestos a situarnos en la mira) es un mundo aparte, la parada de los monstruos en la que el antojo por no encajar se paga de cara al escenario, el frente a frente no fue por capricho. No saben fingir, le han pillado el truco a la vida, sin embargo, cuando vienes de otra parte la cosa se tuerce. Aquí entra en juego lo que algunos no han tardado en calificar como "doble moral", un rifirrafe supuestamente hipócrita que apuesta por la virtud que conlleva dejarse llevar por el intelecto, la atrayente filosofía de mancharse las manos en nombre de algo que no constituya una distracción de lo considerado "esencial" en un terreno apalabrado con las ideas.


                

Dardos venenosos para la industria del cine, para Hollywood, para Marvel y para algo bastante menos obvio que todo eso, el espectador. Se dice con frecuencia que el Séptimo Arte pone cada vez más en jaque al espectador, conforme el tiempo pasa se pierden costumbres, se rompen tabúes, se aprende sobre asuntos ocultos hasta entonces, en definitiva, al espectador se le ilustra. Luego existe una obligación moral para con el espectador, procurar que no se pase de listo, a simple vista tiene más que ver con la información que no se muestra cuando en realidad es por todo lo ofrecido. Así las cosas, se nos educa bajo cierta incertidumbre, por entregas. El colapso en la acción real viene por extensión natural, el individuo cree, el individuo se domina, el individuo tiene que arreglar algo que no está del todo bien, algo que no le deja dormir tranquilo por las noches. Y ahí es donde el círculo se cierra, el aprendizaje lo ha consumido hasta un fracaso del que es consciente, del que le quedan dos opciones, darle nombre y aceptarlo, o flotar, flotar como un pájaro. Esto le pasa al artista, le pasa al espectador, vete a saber si el mismo universo gira sobre la relevancia que se atribuye, de cualquier modo será culpa nuestra.

                  


Es solamente una pista de lo que Birdman aporta con su nacimiento, la propia insignificancia como ejemplo de nuestra disconformidad, nuestra lucha por no abandonarnos en el camerino. Finalmente, nuestro permanente ensimismamiento como especie, la credulidad máxima como exponente frente a las balas sobre la tarima. Allí donde se encuentra el pene de Edward Norton, el de un referente del método que renace como un auténtico Dios en 2014, el cual es un pedestal para el resurgir (de regreso a regreso) de Michael Keaton, el muñeco de nieve maleable y frágil, el caído, el coloso, un artista (en singular), otra puta leyenda. Y dos mujeres orgullosas, Naomi Watts y Emma Stone, ambas divinas, angelicales, frustradas, humanas. Nos llevan de pasillo a pasillo, a veces se desnudan, se pasean por el amanecer de incógnito en una ciudad de talentos, de ambiciones, de contratos, de sueños varios enfrascados en el mecanismo opresivo de un rival más llamativo y más en sintonía con la actualidad, la que atiende al éxito. O del escándalo o del trabajo duro, sin miramientos en la cima de la tendencia absoluta. Un RT como signo de la decadencia en contraste con la perspectiva desde las alturas, desesperados, egoístas, fruto de lo que generan por capricho de los que no crean nada, los auténticos imitadores, se masca la tragedia.


                     


Lejos de repetirse  Alejandro ha dado con la clave, ahora parece feliz. No es que tengamos que tenerlo en cuenta, pero aparte del dinero no sabemos exactamente que saca de meterse en este lío. Por eso, la próxima vez que queráis atacar gratuitamente a una película mirad por la ventana y pensad si podéis hacerlo mejor... eso... eso es lo que se diría en una ocasión similar a esta, pero NO es una de esas ocasiones ¿verdad?.


                   

NOTA: 9/10