miércoles, 22 de julio de 2015

CALIFORNIA

                                                      PURO VICIO 

                  

Adentrarse en el cine de Paul Thomas Anderson siempre ha requerido un riesgo intelectual, como todo autor que se precie su universo no va regido en torno a la lógica de lo que representa. No juzga como juzguéis, no veáis tal cual lo miréis. Sus películas han aunado el trauma estadounidense desde diversos espejos, han desvirtuado los conceptos de fraternidad y progreso en favor de un pasado que siempre arrastraba el mal o el perdón consigo. Variaban las décadas, la intersección que procuraba un análisis claro y conciso se hacía cada vez más densa y rebuscada, realmente llegabas a poner en duda tu estado mental, menos los escépticos, ellos siempre lo han tenido fácil para sentirse ofendidos. La confrontación como punto de partida genera debate, pero Paul realmente nunca ha sido un tipo conflictivo, es más, podría decirse que siente un sano desprecio por el orden. Dos años después de lanzar al mundo la que es su obra maestra regresa a la senda cómica de su primer ciclo bajo el aspecto adquirido por su segundo, lo que da lugar al desconcierto total, nunca es tarde para romper las normas.

                        

Puro vicio se siente en todo momento como aquellas míticas tardes de verano que ponen fin a la estación tras un largo tránsito en la desidia más absoluta, esos últimos coletazos al aire libre que presagian las desilusiones más significativas del año. Doc Sportello lo está viendo venir, pero piensa "¿qué demonios? ¿acaso no me pagan por esto?". 1970 o el fin de lo que fuera, que fue un caos absoluto. Y a Paul no le pesa haber estado antes por aquí, la constitución que vertebra el relato es tan disoluta como le conviene, siente cada encuentro como una punzada en la piel ya que cada uno resuelve una incógnita, lo que supone un paso del final por cada respuesta. Para alguien que realmente no es conflictivo, para alguien que realmente AMA una época, el final no es más que la muerte y entristece. Va a fuego lento desde luego... ¿se asemeja a los 40? ¡vaya que si! el mismo número de veces que han sacado la equivalencia con Hawks, no es lo que importa. Lo que importa es que renuncia al parentesco, no al del noir si no al de cualquiera, impera sobre la práctica y la subversión un claro cese de impulso que invita a compartir su permanente estado de fascinación y perplejidad. Vive de la textura conferida por un maestro que a fuerza de aprender ya no puede aspirar a más, dicho de otra forma, acentuando un vicio que atesora lo más divino, la vida misma en movimiento.


                       


Un ocaso impreso en la regla del juego, otro más. Desde los ojos de la narradora una nación encriptada, una multitud de posibilidades guiando la investigación de un suculento detective que embrutecería al mismísimo Hunter S. Thompson de la sola euforia de verlo desenvolverse con tanto estilo. Y lo abarca por tamaño y dimensiones, con Vietnam allá, con la droga aquí y la ilusión de imaginar que queda misterio en este cochino sistema. Con el recuerdo a cuestas al término de hace cuatro soles, desesperando bajo la lluvia sin tomar nota del tiempo y todo lo que se perdía entre tanto cariño. Y si, la invade la nostalgia pero no la acostrumbrada, aquí no garantizan que vayan a volver... ¿acaso es una opción?. Y con el lio el odio al comunismo, el rencor racial, el fanatismo, la cólera, las malditas y puñeteras utopías Doc va perdiendo el norte, piensa que no hay sueldo que pague tanta sórdida y desconsiderada estupidez humana, ni mucho menos cuando a la contra se acaba por considerar una enfermedad. Esclareciendo la línea del rango a la persona sin excepciones, en lo que nos ocupa atendería a cuestiones más sencillas como el ansia y por supuesto, una consentida y privilegiada curiosidad por todo lo que subyace dentro y fuera de lo relatado. La magia de la creación, la intriga de la palabra... ¿o era al revés?.

                      


Pero Paul, que además de no ser conflictivo tampoco es pesimista se las apaña para rescatarse de la locura, que según el grado de humor igualmente está en la obligación de pisar el freno. Porque Doc ha visto cosas que nosotros no hemos visto nunca, lo que traducido en meses da para toneladas de risas. Incluso tras un desplome cultural poco vigente en la historia, la de unos ángeles que retumbaban al ritmo de la fiebre inmobiliaria, arrastrando con ella lo resultante de otros días que sacaron el máximo partido sin dar mucha cuenta del terreno. Escondiéndose del salario consecuente a las rutinas ajenas, descalzos a orillas del mar.

                          


NOTA: 9/10 

viernes, 3 de julio de 2015

LA JAULA DE ORO.

                                                              VIS A VIS

                                                


Cruz del Sur ha abierto sus puertas y lo hace en la tradición de las mejores, ahorrando el peso de la ficción a favor de algo que muchos parecen haber olvidado a la hora de reconstruir un culebrón, esto es, la sintonía con el público. No pasó un lunes ni un jueves sin llegar a la cima en Twitter, ciertamente en Twitter se habla de todo... a las claras, está repleto de cotorras. Pero ya es patrimonio nacional, apenas cambia el medio, las maneras y en base a eso ¿qué podría resultar más apropiado que un thriller carcelario?. Uno de calidad, puestos a pedir. Y no es menos lo que Vis a vis nos ha ofrecido en su primera tanda semanal, ya que lo cabría percibirse como otra excusa por la que dar coba a nuestras ganas de enorgullecernos (o despellejar en el peor de los casos) de nuestra televisión, resurge como la rara especie que confirma el fin de una larga espera, a pasos de gigante y sin contemplaciones.


Redundar sería algo así como tratar de localizar las fuentes principales de sus aciertos, en un país de historial corto dentro de su género y a fuerza de querer demostrar lo contrario por parte de muchos. Vis a vis se perfila más exactamente en competencia directa con el lujo administrado por el amigo americano y suena tal como estaba destinada a ser desde el inicio de su gestación. Nos hace cómplices y nos acerca a estos personajes con una actitud empática fuera de toda duda, prescindiendo de cualquier tópico conceptual que pudiese entorpecer la relación entre ellos mismos y la establecida con el espectador, esa masa insaciable ávida de emociones fuertes. Cada capítulo ha supuesto una promesa concreta en las cuales la confianza era plena desde la excelente secuencia de apertura a los créditos de cierre, y siempre la hemos visto cumplida. Una serie en rendimiento constante que conjuga la expectación y el suspense como compañeros predilectos, ligados a un sentido del humor que nos encierra gradualmente, valga la ironía, en esa amplia variedad de reclusas y funcionarios que no se privan de su propia naturalidad. Tal cual dicta su guión, conformando un catálogo impensable e irremplazable de personas de las que necesitas volver a saber con urgencia.


Y si de algo puede sentirse orgullosa es su casting, retando al escéptico, congratulándose constantemente de una plantilla que ha echado el resto, con resultados visibles y generalmente reverenciados. En tanto que cada uno cumple su función con sobrado talento, y en consonancia con lo asignado al pie de la letra, resulta complicado (por no decir delictivo) resaltar a ninguno por encima de los demás. Y al margen de una Maggie Civantos que aplica en su primer protagónico una vulnerabilidad encomiable, se deben destacar a dos sujetos en la cúspide de sus respectivos rasgos definitorios. Son Ramiro Blas, mayormente beneficiado por el carácter vejatorio de sus intervenciones, y Najwa Nimri, en lo que en una milagrosa resolución de las circunstancias ha dado como resultado una de las femme fatales más memorables en la historia de la ficción española. Acepta a Zulema como una extensión de aquello que siempre se le ha visto negado en su carrera, un espacio en el que desarrolla un determinado cúmulo de malas intenciones, adueñándose del favoritismo popular de forma irremediable, trazando un recuerdo auténtico e inamovible sobre su texto y perpetrando a golpe de fusta un sitio cómodo en la memoria colectiva. En pocas palabras, un regalazo.


A pesar de puntuales arbitrariedades que no degenera en la intensidad de lo que cuenta, habitualmente centradas en la trama de Leopoldo y compañía, estamos ante un acontecimiento cuya contradictoria propensión al escándalo terminan de redondear una de las experiencias más sensatas y satisfactorias en lo que va de año. Cuando la ansiedad de uno la genera ella y no la quinta temporada de Juego de tronos, es que hay algo que funciona. Cruz del Sur ha habierto sus puertas, mientras no encuentren las llaves todo irá bien.